Cristo es la respuesta

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"Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto. " Proverbios 3:9-10

Dios les bendiga. Damos toda la gloria a Dios por la oportunidad de exponer este tema. En este escrito, expondremos varios principios generales, entre otros:

  • La mayordomía de los recursos incluyendo el dinero.
  • La organización de las finanzas (presupuesto)
  • La fidelidad a Dios en tiempo de crisis.
  • La fidelidad de Dios que no está en crisis.

La mayordomía de los recursos incluyendo el dinero.

"Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel" 1 Corintios 4:2

A pesar de los tiempos de crisis o escasez, Dios nos está llamando a ser fieles administradores de lo que Dios ha puesto en nuestras manos.

Dios conoce los períodos de adversidad, económica o de pandemias. Él sabe todo lo que está pasando en nuestro mundo. También sabe lo que ha de venir.

Sobre todas las cosas, la Iglesia de Jesucristo pertenecemos al reino de los cielos. Dios se preocupa de cómo las circunstancias adversas afectan las vidas de Sus hijos. Esas circunstancias pueden ser a veces intensas y dolorosas, pero no hay necesidad de que nos abrumen o de que roben nuestra paz. Dios sabe lo que necesitamos y quiere que dependamos cada día de Él y de su provisión.

Jesús nos dice en Mateo 6:31-33:
"No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."

Las crisis pueden brindar oportunidades para que el pueblo de Dios florezca espiritualmente y guíe a otros a Cristo, quien es nuestra única Roca y esperanza, no solo en el tiempo presente, sino por toda la eternidad.

  • Mire a Dios, en lugar de tu necesidad o de tu falta de recursos.

Nuestra respuesta a los tiempos difíciles estará determinada por nuestra perspectiva y en dónde esté nuestro enfoque. En medio de nuestra necesidad oramos a Dios para que Él la supla y seamos de testimonio a las personas que tenemos alrededor, de que tenemos al Dios que nos ayuda en la crisis, nos da respuesta a la presión y nos suple.

  • Pídele a Dios por tus necesidades y dale gracias por la provisión que ha de venir.
  • Sé fiel con tus diezmos y ofrendas

Pídele a Dios provisión, sabiduría, dirección y gracia para perseverar y para administrar lo que tenemos o tengamos y que aún en lo poco depender de Dios.

¿Has orado al respecto? ¿Estás pidiéndole a Dios que te proporcione tu “pan de cada día” y que te muestre qué pasos de acción Él quiere que tomes?

En Filipenses 4:6-7, Dios nos habla: "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús."

Dios sigue siendo el Dios de la Provisión.

Cuando los discípulos no habían pescado nada, Jesús. le dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. (Lucas 5:4-6). Cuando la viuda solo tenía un puñado solamente un puñado de harina en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; (1 Reyes 17:12) Dios hizo provisión y en los años de escasez, nunca le faltó.

"Cuando la viuda no tenía con qué pagar las deudas, Dios le dio la manera para que tuviera suficiente aceite para venderlo y poder pagar y vivir con lo que le sobró." (2 Reyes 4)

Si le somos fiel a Dios con los diezmos y ofrendas y aún más en tiempos de crisis, le demostramos a Dios nuestra fidelidad a Él. Dios no fallará en abrir las ventanas de los cielos para derramar sus bendiciones hasta que sobreabunde.

Es creerle a Dios que Él lo va a hacer y confesar su Palabra, aunque no lo veamos: "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. (Filipenses 4:19)

• Preséntale a Dios la iglesia y las vidas que no conocen a Cristo

Pídele a Dios que utilice este tiempo de confusión e incertidumbre para traer avivamiento y despertar espiritual a nuestras vidas, nuestras iglesias, a nuestro país y en todos los países. (Habacuc 3:2)

• Aprende el secreto del contentamiento.

El contentamiento viene de creer que Dios ha provisto todo lo que necesitamos para el momento presente y que Él proveerá todo lo que necesitaremos en el futuro (Salmos 73:25-26; Filipenses 4:11-13; 1 Timoteo 6:6-8

Saca el descontento de tus palabras o de tu interior ¿Estás murmurando, quejándote, inquietándote, expresando que lo que Dios te ha provisto no es suficiente para satisfacer tus necesidades?

• Pídele a Dios que haga cumplir Sus propósitos.

Dios nos está pasando por unos procesos para que aprendamos a creerle a Él en medio de la prueba y en medio de la escasez. A no depender del hombre sino solo de Él.
Dios usa la adversidad para mostrarnos lo que hay en nuestros corazones, para sacar cosas que a Dios no le agrada, y para que profundicemos en nuestra dependencia de Él. Los tiempos de escasez pueden llegar a ser tiempos de gran bendición, ya que la gente se despoja de sí misma y sus corazones se vuelven hacia el Señor (Deuteronomio 8:3).
¿Estás más centrado en la satisfacción de tus propias necesidades y en resolver tus problemas que en ver los propósitos de Dios cumplirse en tu vida, en los que te rodean, y en aquellos que no conocen a Cristo?

• Permite que Dios reordene tus prioridades

En los tiempos de dificultades económicas o de pérdidas tenemos que identificar cualquier tendencia a acumular “cosas” que no necesitamos, y nos hacen tomar medidas para desarrollar un estilo de vida más moderado (Lucas 12:15, 31, 34).

¿Necesitas redefinir cuáles son tus “necesidades”? ¿Necesitas hacer algunos ajustes en tus gastos, con el fin de ser capaz de vivir de acuerdo con tus posibilidades y/o dar más para satisfacer las necesidades de los demás?

Tenemos que pedirle a Dios estrategias para enfrentar las crisis económicas. Pedirle sabiduría a Dios para organizar las finanzas y tener un presupuesto con lo poco que haya. Al establecer un presupuesto, se debe establecer una prioridad en los gastos importantes y eliminar o posponer otros.

Bien importante es ajustar el presupuesto y no usar tarjetas de crédito para las necesidades básicas. Si no hay posibilidad de pago, no se use la tarjeta de crédito, solo en casos extremos de emergencia.

Todo proyecto que se emprenda sea analizando si contamos con los recursos. Jesús nos dio ejemplo en Lucas 14:28 Los pastores deben de hablarle a la iglesia que no importa la escasez o la crisis, nunca dejemos de serle fiel al Señor con nuestros diezmos. De esa fe depende el que veamos a Dios moviendo su mano en favor nuestro.

"Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre." Hebreos 13:5-6

En la iglesia, los pastores deben definir las prioridades de gastos. Y tener presente un presupuesto para ayudar al que esté pasando por una necesidad.

En la crisis, los pastores con su iglesia podrán idear actividades para generar fondos.

• Pon tu confianza en el Señor.

En Él se puede confiar. Él te ama, Él conoce lo que enfrentas, y Él tiene cuidado de ti. Dios está en Su trono y está haciendo cumplir Sus propósitos en tu vida y en el mundo. Confía en Él para que satisfaga tus necesidades, Él proveerá.

  • Recuerda lo que Dios ha hecho en el pasado (Deuteronomio 8:2).
  • Confía en Su carácter (Salmo 36:5, 7).
  • Recuerda Sus promesas (Josué 23:14).
  • Niégate a ceder ante el miedo o la ansiedad (Salmo 46:1-3; Isaías 54:10).
  • Evita tomar el asunto en tus propias manos. No dejes que el miedo te conduzca a los lugares que Dios no quiere que vayas (Génesis 12:10; Rut 1:1).

Practica dar como Cristo.

La tendencia natural en tiempos de incertidumbre financiera es retener lo que tenemos y dar menos. Pero ¡qué gran oportunidad de demostrar la grandeza y el poder de Dios con nuestras ofrendas! Pregúntale a Dios cómo puedes ejercitar la fe y reflejar Su corazón generoso en tu dar en este tiempo (2 Corintios 8:1-4; 9:8).

¿Tu manera de dar refleja el corazón generoso y dador de Cristo? ¿Cómo quiere Dios que tú crezcas en gracia al dar durante este tiempo?

Regocíjate en el Señor.

Sin importar lo que esté pasando en el mundo o en tu situación financiera personal, ¡no dejes que el enemigo te robe la alegría! ¡Si lo tenemos a Él, somos ricos, tenemos todo lo que necesitamos, y tenemos razones para alegrarnos! (Habacuc 3:17-18).

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COLGARON SUS ARPAS

UNA HERRAMIENTA BÍBLICA PARA EL OBRERO EN TIEMPOS DE CRISIS


Salmo 137:1-2 Junto a los ríos de Babilonia, Allí nos sentábamos, y aun llorábamos, Acordándonos de Sion. 2 Sobre los sauces en medio de ella Colgamos nuestras arpas.

La experiencia del exilio caló hondo en el pueblo de Dios. Setenta años de cautividad representaron un duro golpe a la moral y la dignidad, que se pueden explicar por etapas ligadas una a la otra. La pérdida de su independencia nacional fue un enorme trauma para los hebreos. “En aquel tiempo los servidores de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén; y la ciudad fue sitiada.... Y llevó en cautiverio a toda Jerusalén: a todos los magistrados, a todos los guerreros valientes (un total de diez mil cautivos), y a todos los herreros y artesanos. No quedó nadie, excepto la gente más pobre del pueblo de la tierra.... El rey de Babilonia proclamó rey en lugar de Joaquín a su tío Matanías, y cambió su nombre por el de Sedequías” 2 Reyes 24:10-17.

Este versículo nos ayudará a contextualizar la magnitud de la deportación o el destierro a Babilonia y sus efectos en el plano emocional y religioso. Además de significar un fuerte golpe a la identidad del pueblo de Dios, se necesitó tiempo para procesar las razones, los motivos y la finalidad de este acontecimiento. Traemos este ejemplo histórico, ya que nos deja apreciables enseñanzas para enfrentar obstáculos de forma que podamos salir probados y aprobados en la hora de la tormenta.

Hay etapas que se pueden enumerar en este proceso de destierro y deportación, que tenían como finalidad purificar al pueblo de Dios a pesar de que este no compendia la finalidad de este, veían todo esto como una experiencia contradictoria en todos los sentidos. Siempre, detrás de una experiencia crítica está la mano de Dios, aunque no la vemos, perfeccionando a su pueblo, La primera etapa la podemos definir como de “confusión” para un pueblo llamado a ser luz de las naciones.

La segunda etapa fue la “adaptación” a una nueva forma de vida, a una nueva cultura, en otro entorno. El entorno era pagano y por lo tanto hostil. La adaptación a lo desconocido es lo que más temor nos produce, todo es nuevo, todo es diferente y genera un rechazo que surge espontáneo. Lo más complejo es que de allí no podían salir, era algo así como una cárcel espiritual. Así son las pruebas, una especie de celda donde la llave de la liberación está en las manos de Dios y de esas prisiones solo Dios nos puede sacar.

La tercera etapa fue la “desconexión” con los lugares físicos de adoración. Para todo hebreo no es lo mismo Babilonia que Jerusalén, ni el Éufrates ni el Tigris que el Rio Jordán. Nada de la majestuosa Babilonia podía sustituir el arraigo a Jerusalén y su templo. Basta con detenerse en los Salmos para comprobar cuán importante era el templo como centro de adoración, refugio y consuelo. En ese templo Dios escuchó la oración de Ana, “la estéril” y la bendijo con muchos hijos. En ese templo Dios se manifestaba de una forma sobrenatural y vigorizaba a sus sacerdotes.

La cuarta etapa, la de la “nostalgia” tan bien expresada en el Salmo 137. El pueblo hebreo marcado a fuego por sus orígenes y destino divino, recordaban a la distancia con tristeza y dolor los gratificantes momentos que vivieron en la tierra de la promesa. ¿Qué nación podía contar grandezas de un Dios que abre el mar para que su pueblo pase en seco? ¿O que sus profetas asciendan al cielo en un carro de fuego? ¿Cómo olvidar a su padre Abraham, a Jacob, a Moisés, y todos los varones que Dios levantó con poder para hacer de ellos una nación poderosa? En el exilio ese era el pensamiento, ¿volveremos a nuestra tierra, nos restaurará el Señor como en el principio de nuestros días?

La quinta etapa podemos definirla como la etapa del desaliento, que viene con una pérdida de motivación y desánimo. En esta etapa quizás una de las más críticas (ya que el exilio se prolongaba), el pueblo fue perdiendo el entusiasmo de alabar a Dios y “colgaron sus arpas”. No fue pérdida de fe, más bien fue una etapa de gran desaliento y desesperanza ya que el futuro era incierto.

Y la sexta etapa es recuperar la esperanza. Dios no nos abandona, ni nos deja huérfanos. En el destierro, en la deportación se dieron muchos procesos, pero Dios se encargó de mantener viva la esperanza, esa que algunos dicen que es lo último que se pierde, y que nosotros jamás debemos perder. El Salmo 126 nos da una imagen clara y vívida de la experiencia de restauración, porque Dios es el que convierte nuestra tristeza en gozo “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, Y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos”.

Si algo aprendí con los años es que la naturaleza humana es la misma en cualquier época y nación. El ser humano tiene las mismas carencias, necesidades y limitaciones, a pesar de que el mundo se ha sofisticado, el corazón del hombre es el mismo. El hombre tiene un vacío interior que solo Dios puede satisfacer.

Hoy estamos viviendo una experiencia en cierto aspecto similar, nos sentimos en un exilio que nos puede afectar en lo espiritual y emocional. Se nos hace más difícil tomar nuestras arpas para adorar con el mismo entusiasmo y motivación que cuando lo hacíamos en la Jerusalén de nuestros templos, compartiendo con alegría los unos con los otros.

Quizás ya hemos atravesado algunas de las etapas que experimento el pueblo de Israel,

1) Confusión, y basta con ver en las redes sociales la maraña de interpretaciones dispares para definir con claridad el tiempo que estamos viviendo. He notado que a pesar de los años que llevamos en los caminos del Señor estamos observando con cierto asombro y sorpresa algo que la misma palabra nos advertía en diversos pasajes. Las pruebas traen su dosis de confusión y tenemos que acudir como “Asaf” al santuario de la oración para entender con claridad que propósito tiene todo esto, porque “el mundo, su plenitud y los que en el habitan son propiedad del Señor”.

2) Adaptación, como creyentes hemos tenido que hacer un esfuerzo especial para adaptarnos a este tsunami que no perdonó ni a ricos ni a pobres, ni a jóvenes ni a ancianos, ni a cristianos y paganos. El cambio fue abrupto y repentino. Los cambios cuando no son favorables son difíciles de digerir, a veces son un trago amargo como esa copa que “nuestro Señor tuvo que beber porque era la voluntad del Padre”. Cabría preguntarnos si estamos dispuestos a beberla, no es agradable, pero es la copa de la obediencia, la copa que nos enseña que debemos someternos a la soberanía de Dios, aunque ella no sea de nuestro gusto. Para beber esta copa y enfrentarnos a esta adversidad que no se asemeja a nada conocido, tendremos que entrar al huerto de la renuncia de nuestro confort y comodidad y decir como Pablo: “He aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación”. Para poder llegar a esta afirmación seguramente Pablo dobló mucho sus rodillas, pero aprendió la lección. Quizás hoy más que nunca, donde no tenemos nada en esta tierra a que aferrarnos como medio de escape, nos aferramos fuerte de la roca de nuestra salvación y esto último es lo que nos enseña a depender exclusivamente de Dios ya que ni el hombre ni la ciencia nos pueden ofrecer la seguridad y confianza que encontramos en el aposento alto. Esto nos dejará una lección “La calidad de un cristiano se mide en la adversidad”

3) Desconexión, así como en la tercera etapa el pueblo hebreo quedó desconectado de su centro de adoración en Jerusalén, hoy añoramos el día en que podamos retornar a nuestras reuniones, pero por encima de todo estamos descubriendo cuánto nos necesitamos los unos a los otros, y cuán importante es la casa del Señor. Alguien dijo que “las cosas se valoran cuando se pierden, hay algo de cierto en esta afirmación. Hay algo que estoy escuchando frecuentemente y también es mi propia experiencia, el valor de cada hermano sin importar su rango, cada uno aporta algo valioso que yo necesito, que me edifica. Ahora entendemos la importancia de la iglesia como “cuerpo de Cristo” donde cada integrante tiene su valor, su talento, sus dones, su espíritu de servicio.

4) Nostalgia, Estamos en nuestros hogares, pero de alguna forma desconectados físicamente y anhelamos ese encuentro filial, somos la familia de la fe. La nostalgia es de alguna forma el recuerdo acompañado de tristeza por aquellas cosas que una vez fueron nuestras, pero hoy no están al alcance de nuestras manos. Estamos en el exilio de nuestras casas, miramos a la distancia el templo, a nuestra familia de la fe con la cual nos reuníamos para honrar a Dios. Añoramos el abrazo que hoy no podemos dar ni recibir, el apretón de manos. Son la falta de esos afectos en gran medida, los que hacen de esta hora de prueba, la carencia de algo que tanto anhelamos. Si algo rescatamos de bueno en esta adversidad es el valor que tiene ese tiempo donde nos reuníamos para compartir nuestras alegrías y tristezas, nuestras victorias y porque no nuestras derrotas, donde la congregación nos rodeaba con sus brazos de apoyo y consuelo para continuar adelante.

5) Desaliento, por último, nos vamos a detener en esta quinta etapa que vivió y experimentó el pueblo de Israel en el exilio, el desaliento y el desánimo que los llevó a “colgar sus arpas”. En determinado momento se les hacía difícil poder cantar cánticos de Sion en tierra extraña, y en un tiempo de profunda tristeza “Colgaron sus arpas”. Hay periodos en nuestra vida tan extraños e incomprensibles que nos sentimos tentados a “colgar nuestros guantes”. Nos rendimos ante la situación, sentimos que nos supera y perdemos el espíritu de combate. Hermano, no te turbes, esto no es nuevo. Ya lo han vivido siervos de Dios y está plasmado en la Palabra. Las circunstancias golpearon tan duro sus emociones que decidieron dejar su actividad y aun su ministerio, como ocurrió con Moisés, y el más explícito el de Elías, entre otros. Elías se exilió en la cueva de la congoja. Pero de allí lo sacó el Señor y le dio pan y agua y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios. Las circunstancias cambian, hay días oscuros, noches sin estrellas. Pero hay cosas que jamás cambian.

Primero, Dios no cambia ni está sujeto ni preso por ninguna circunstancia que ocurra en esta tierra; segundo, la Palabra de Dios no cambia, y tercero, Jesús es el mismo hoy, ayer y por los siglos. Y eso es lo que estamos experimentando en nuestro exilio, que la luz sigue brillando, que Dios sigue presente, que la Palabra sigue siendo nuestro alimento y que lo bueno está por llegar. Jesús dijo “en el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo”. Nuestra fe está siendo probada en esta hora difícil. Está siendo probada para que sea purificada como el oro. 1 Pedro 1:7 “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”, ¿Estamos en el horno?, definitivamente sí, y es necesario que lo estemos, hay escoria que no vemos, pero que Dios tiene que erradicar de nuestra vida, con la finalidad de que nos transformemos en vasijas de honra.

6) Esperanza. No podemos negar que a veces no vemos la luz al final del túnel. Hay circunstancias que no solo nos roban nuestras energías, tampoco nos permiten mirar el futuro con entusiasmo. Me viene a la mente aquellos discípulos descorazonados que caminaban rumbo a la aldea de Emaús. Para ellos la muerte de Cristo representaba el fracaso, decepción, desilusión. Si no comprendemos los planes de Dios y sus propósitos eternos corremos el riesgo de perder la esperanza. La esperanza se recuperó cuando Jesús se les acercó camino a la aldea y les abrió las Escrituras y el entendimiento para que entiendan las Escrituras. Hoy las Escrituras siguen siendo nuestra fuente de inspiración y la herramienta de comprensión que usa el Espíritu Santo para mantenernos firmes en la esperanza del evangelio. Una pregunta que debemos hacernos en estos tiempos. ¿Cuánto conocemos de la Palabra? ¿La leemos metódicamente o la desempolvamos para llevarla solo a las reuniones? Hermano, no olvides que la Palabra tiene las respuestas a tus interrogantes, ella ilumina nuestra mente y es la espada del Espíritu Santo, útil para todo aquello que contribuye a nuestro crecimiento y salud espiritual y emocional. La Palabra también contiene promesas que reavivan la esperanza, nos afirma en la fe y ordena nuestros pensamientos. Apropiémonos de estas herramientas que Dios ha puesto a nuestro alcance y vamos a cruzar este valle de sombra de muerte sin temor alguno porque la vara y el cayado del Señor nos infundirán aliento.

Hermano, consiervo, “No cuelgues tu arpa”, cobra aliento y comienza a alabar al Dios grande y poderoso y recibirás fortaleza de lo alto.

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"Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ¡ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz," Lucas 17:12-15

La definición más sencilla de Crisis es esta: "Situación difícil de una persona o una cosa".

En la BIBLIA no encontramos este término, pero sí vemos momentos difíciles vividos por diferentes personajes en el texto bíblico. Lo más lógico ante las crisis es el ahogarse entre sentimientos negativos. Nuestra mente divaga en un brumoso mar de dudas, temores e interrogantes.

Pero, debe haber una diferencia abismal entre los que tenemos "los ojos puestos en Jesús", y aquellos que no le conocen. Para quienes han "edificado sobre la Roca" dice el Señor que: "cualquiera que, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente..." Quiere decir que las crisis pueden fortalecer nuestros músculos espirituales, contribuyen a nuestro crecimiento y nos llevan a tomar decisiones impensables.

Las crisis son oportunidades que nos brinda la vida para sacar las capacidades y recursos que hemos acumulado leyendo, estudiando, meditando y guardando la palabra de Dios.

"Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento... " Oseas 4:6

Definitivamente, las crisis nos ayudan a sabernos ubicar frente a las propias y ajenas, y darnos cuenta de cuál es nuestra relación con Dios. En los momentos de crisis afloran las debilidades y fortalezas en el ser humano.

Hoy tenemos un sinnúmero de recetas, opiniones, nuevas revelaciones (creemos que Dios habla en todo tiempo), pero es importante saber que: "tenemos la palabra profética más segura..."

En estos días ha habido tantas cosas hasta llegar a la superstición, pues, alguien recibió una "visión" para que se buscara un pelo que todo el que lo buscare lo encontrará, y que haciendo un té se recibía sanidad.

Otros no creen en la realidad de la pandemia, ni tampoco le temen, pues están protegidos, es cierto: “Dios es nuestro Amparo y fortaleza...", pero: “sea que vivamos o que muramos, somos del Señor..."

Las instrucciones que encontramos en el Antiguo Testamento dadas por el Señor, solamente pensamos que cumplían como normas de limpieza espiritual, pero encontramos en la escritura que Dios también se preocupó por el pueblo por su salud física, por eso encontramos una ordenanza de salud pública que hoy, todavía en muchos pueblos están tomando en cuenta. DEUT.23:13, nos dice: "Tendrás también entre tus armas una estaca; y cuando estuvieres allí fuera, cavarás con ella, y luego al volverte cubrirás tu excremento."

La porción bíblica, con la cual iniciamos esta breve reseña, nos muestra una situación que se remonta a Levítico capítulo 13, pues correspondía a los sacerdotes certificar, luego de cumplir con ciertas medidas protocolares.

Las personas que tuvieran afecciones cutáneas debían presentarse al sacerdote, quien tenía la autoridad de determinar si la afección era o no lepra. Primero tenía que examinar al paciente y si daba notación de posible enfermedad, encerraba a la persona por 7 días (CUARENTENA), Al término del período de encerramiento volvía a realizar el examen de rigor, si todavía no se podía determinar que había o no enfermedad, volvía a encerrarlo por otro período, al término del mismo volvía a examinar, y si la llaga se había extendido, lo declaraba inmundo, por lo que era expulsado de la comunidad a los fines de que no contaminara a otro.

Es por esta razón que el Señor, al oír el clamor a gran voz de los diez leprosos, que mantuvieron la "distancia social" como demandaba la ley, cien pies de separación, la cual Cristo no violentó, sino que ordenó a los diez presentarse al sacerdote quien era la persona que tenía la autoridad de declarar sano a un leproso.

Es decir, que nosotros no estamos exentos de cumplir nuestra responsabilidad de observar las disposiciones de los organismos competentes. Decía: Terencio Africano: " soy hombre, nada humano me es ajeno..." Nos toca a nosotros los cristianos seguir entendiendo que en momentos de crisis: "Alzaré mis ojos a los montes de dónde vendrá mi socorro?" Nuestra confianza está puesta en el Señor y seguiremos firmes en los principios de la Palabra de Dios.

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"El estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel; la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos" (Sal. 78:5).

El primer deber del hombre no es precisamente adquirir alimentos, vestido y demás cosas, ni tampoco predicar o hacer obra misionera, sino buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia, a fin de rendirle la adoración que Él merece; después lo demás viene «por añadidura».

Ésta experiencia de luto, dolor y cuarentena universal nos ha obligado a replantearnos varios aspectos que formaban parte de nuestra “cultura cristiana” especialmente la que tiene que ver con los templos o lugares de culto. Crecimos equivocadamente denominando “iglesia” a los edificios y construcciones y de repente con el tiempo muchos olvidaron que “nosotros somos la iglesia

Éste desenfoque condujo a muchos líderes a darle más valor a los edificios que a las personas y a cuidar más los aspectos materiales de la Iglesia que a las personas. He sido testigo y conozco historias de algunos mal llamados “pastores” que expulsaron un día sus rebaños para apoderarse de las propiedades y lugares del culto, sin tener ningún remordimiento. Hoy para bien de muchos de nosotros en el final de los tiempos, Dios permitió no la destrucción de nuestros templos o lugares de culto, sino la destrucción de muchos de nuestros añejos conceptos de cultura cristiana y está emergiendo la verdad indiscutible de que “la iglesia somos nosotros” y que para adorar a Dios no se requiere estar en Jerusalén o en Samaria, o en algún lugar determinado, sino que los verdaderos adoradores, adoraremos a Dios en Espíritu y en verdad.

Nuestros Deberes Como Padres

Pero en ésta nueva dinámica universal Dios también nos ha recordado los deberes que tenemos como padres respecto a la adoración al Señor en la familia, que muchos padres descuidaron irresponsablemente delante de Dios. Se ignoraron negligentemente mandamientos muy claros que nos ordena Dios, como son:

Instruye al al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” (Pr. 22:6).

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.” (Dt 6:6-9)

Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre,
Y no dejes la enseñanza de tu madre;
Átalos siempre en tu corazón,
Enlázalos a tu cuello.
Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán;
Hablarán contigo cuando despiertes.
Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz,
Y camino de vida las reprensiones que te instruyen.”

(Prov 6:20-23

Jesús y La Adoración

Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Jn 2:20-24)

Adorar es postrarse ante Dios y es una expresión de amor y respeto ante Él. Es dar obediencia completa al Señor. Es orar, reverenciar, y es la aceptación de Dios como “objeto de adoración”. Es el acto de estar ante Su Majestad, El Rey del universo. Un adorador es un piadoso y devoto, y es la adoración a Dios que nos conduce a la piedad y devoción y es la falta de adoración o nuestra negación de adorar a Dios, que hace al hombre impío, y lo conduce a la impiedad, hasta hacerlo vivir impíamente.

La adoración sigue siendo una especie de misterio. Puede ser planificada pero no programada; puede tener lugar entre cientos que se congregan o donde hay solamente dos o tres congregados. Es por causa de Dios y por su maravillosa obra que tenemos el deseo de adorarle. Por esta razón nosotros los Pastores no debemos sentirnos mal o inseguros porque “la iglesia en la casa” está funcionando mientras nuestros templos están cerrados.

La Atmósfera Espiritual.

Israel estuvo cuatrocientos treinta años en una atmósfera de cautiverio y opresión, humillación e injusticia, allí su vida era dolor, esclavitud y muerte, no tenían ninguna esperanza. Ellos desconocían otro tipo de vida, hasta que Dios se le reveló a Moisés. (Éxodo 3:18) La única forma que aquello iba a cambiar era que ellos fueran libertados de esa condición y salieran de esa atmósfera de terror y muerte y decidieran servir a Dios.

Alabar es celebrar, glorificar, cantar y la expresión más usada es «Aleluya» una expresión hebrea de «alabanza» a Dios que se ha incorporado a casi todos los idiomas del mundo. Alabanza es agradecer: es la expresión de gratitud y reconocimiento por todo lo recibido. Es ofrecer sacrificio u ofrenda a Dios.

La oración, la alabanza y la adoración pertenecen a la atmósfera espiritual, donde Dios habita. Vamos a decir que nosotros necesitamos la atmósfera terrestre, para poder vivir en esta tierra. Esa atmósfera terrestre, se compone esencialmente, de oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono. El oxigeno lo necesitamos para respirar, el nitrógeno es una capa protectora que impide que caigan a la tierra, meteoritos, estrellas y también desechos planetarios. El dióxido de carbono lo necesitan las plantas para vivir. Sin el reino vegetal no existe el reino animal, y ninguno de estos reinos existirían sin el reino acuífero o acuático. La atmósfera de los peces, es acuática, ahora la atmósfera del alma es espiritual: oración, alabanza y adoración.

El ser humano fue creado para vivir y respirar en una atmósfera espiritual de oración, adoración y alabanza a su Creador. La vía a través de la cual se recibe el poder divino debe ser preservada con el fluir de gozosas alabanzas que se elevan hacia su hacedor. La ruptura del vínculo bendición-obediencia provocada por el pecado silenció la alabanza del ser humano hacia Dios e introdujo el egoísmo, los sentimientos de autocompasión y queja (véase Gn 3.9-12). Pero ahora ha llegado la salvación y la vida en Cristo, y ahora al haber recibido a Jesucristo como Salvador, la vida cotidiana nos llama a orar y oír la palabra de Dios para comunión y sabiduría. Pero nuestro diario camino a Dios en esa comunión debe estar recubierto de alabanza: «Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanzas» (Sal 100.4). Tal senda plena de alabanza alimentará nuestra devoción, fiel a la obediencia y al gozo constante en el servicio al Señor, que no se limita a la liturgia dentro de los lugares de culto, sino que se experimenta en la vivencia diaria y en un andar en santidad, devoción y adoración al Señor.

Pastor J Omar Tejeiro R.
Para Herramientas de Enfoque Bíblico.

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El Propósito de Esta Asociación es:

2. Fomentar la vida de piedad y santidad en los creyentes miembros.

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Decir y oír: me hablaron de Dios y eso me cambió la vida, es un testimonio que nos transmite gozo. Escuchar decir: Dios me habló. Eso nos impacta y nos asombra. Pero que alguien nos diga: “y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno.” (Ex 24:10) Eso nos mueve de nuestra comodidad y nos desafía a buscar su rostro y a subir al monte para buscar su presencia, para perseverar sin desmayar en la búsqueda de su poder y su gloria. Yo quiero más y más y más de su presencia. #SedientosdeSugloria

 

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Nos gozamos por la Obra del Señor que avanza preciosa en la India. AMIP celebra Visión 2020, saludamos desde Europa a nuestro amado pastor Rajaji Sadhanala por su esfuerzo continuo en favor de las almas en su nación. Salmos 126.

 

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A Pastores y Hermanos
Iglesias AMIP

Amados(as) Consiervos(as) y Hermanos(as) en Cristo:

En unas horas empezaremos un nuevo año y el comienzo de una nueva década, al recordar el tiempo pasado y los momentos vividos sólo nos queda gratitud por todo lo que Dios nos ha permitido vivir y realizar para su gloria, hasta aquí; por lo que Él nos ha enseñado y nos ha dado por su gracia.

Es inmensamente gratificante y una bendición contar con su apoyo y esfuerzo en pro de la obra de Dios y la evangelización del mundo. Estamos seguros que El que comenzó su buena obra en ustedes, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. (Fil 1:6)

No podemos ver el futuro con nuestros ojos físicos pero podemos percibir por la Fe, una nueva década, llena de grandes expectativas y desafíos en el Señor. Con la ayuda del Espíritu de Dios y anclados en las promesas fieles de la Palabra podemos “ver con los ojos de la fe” tiempos nuevos con nuevas y grandes victorias.

Si el dolor en en algún momento quiso detenernos, o si por alguna razón el enemigo logró afligirnos, o si el temor nos impulsó a tirar la toalla del servicio a Dios, recordemos el consejo del apóstol Pablo:

“No quiero decir que ya llegué a la perfección en todo, sino que sigo adelante. Estoy tratando de alcanzar esa meta, pues esa es la razón por la cual Jesucristo me alcanzó a mí. Hermanos, no considero haber llegado ya a la meta, pero esto sí es lo que hago: me olvido del pasado y me esfuerzo por alcanzar lo que está adelante.

Sigo hacia la meta para ganar el premio que Dios me ofreció cuando me llamó por medio de Jesucristo. Entonces tengamos esa misma actitud todos los que hemos llegado a la madurez. Si en algo piensan diferente, eso también se lo aclarará Dios. En todo caso, sigamos viviendo de acuerdo a la verdad que ya hemos alcanzado. (Fil 3:12-16)

Desde los campos misioneros en Bolivia y de todo corazón les deseamos un Bendecido Año Nuevo 2020 y una década saturada de la presencia De Dios.

Familia Tejeiro García

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Éxodo 16.

El desierto no es el destino o la meta final en nuestro peregrinaje, es solo una parte del camino en nuestro transitar hacia la tierra prometida como elemento útil del entrenamiento divino, para hacer de nosotros hijos valerosos, obedientes, dependientes de Él, disciplinados en nuestro carácter, confiados en su sabiduría y preparados para toda buena obra.

En el desierto Dios nos evalúa antes de llevarnos a la tierra que fluye leche y miel, el lugar final de nuestro caminar y el sitio de la conquista del alma y del espíritu. Los que no entienden ni aceptan la voluntad de Dios, se rebelan y se estancan en el pasado, en los días de su esclavitud, en la negación de su realidad y en la resistencia al plan divino.

La negación es la protesta interior del alma y la resistencia del espíritu a aceptar el proceso del desierto, que termina causando rebeldía y oposición a los propósitos de Dios. Es la reacción carnal y emocional del corazón afligido pero no humillado ni quebrantado.

El desierto es también para otros la escuela misionera de entrenamiento para la vida, el lugar donde Dios se nos revela y donde lo conocemos cara a cara y donde descubrimos que Él conoce todas nuestras necesidades mejor que nosotros mismos. Que Él tiene todo el poder para suplir cualquier necesidad en todo tiempo, en nuestras vidas. (Fil 4:19) y que nunca nos abandona. (Salmos 34:7-8)

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El llamamiento al ministerio es un llamamiento santo. El apóstol Pablo enseña que “si alguno anhela obispado, buena cosa desea.” Es bueno desear servir al Señor y todo debe comenzar con ese anhelo, esa vocación. Pero Pablo continúa diciendo: “pero es necesario que el obispo sea irreprensible…” y por ahí sigue detallando una serie de cualidades y atributos que debe poseer el que anhela servir a Dios. Y podríamos decir que lo primero que se necesita es ser apartado por Dios para el ministerio, puesto “esto no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” Por mas que yo quiera ser conocida como la Dra. Carmen Laura Santiago no lo lograré mientras no estudie y complete un doctorado y así sea reconocida por mis pares.

De la misma manera nadie puede ponerse un título de pastor, ministro, evangelista o maestro. si no ha sido llamado por Dios, si no tiene un testimonio irreprensible y si su iglesia no recibe testimonio de dicho llamado. En la iglesia de Antioquia estaban Bernabé y Saulo, y ellos tenían unos tratos con Dios, pero no se levantaron y exigieron un nombramiento. Ellos oraron, ayunaron, sirvieron en su iglesia local, dieron testimonio de una vida santa y transformada por Dios y de estar llenos del Espíritu Santo.

Y Ése mismo Espíritu Santo habló a la iglesia: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra que los he llamado.” Y la iglesia, Después de haber orado y ayunado, reconociendo el llamamiento de Dios y la unción del Espíritu Santo sobre sus vidas, les impusieron las manos y los enviaron a cumplir el ministerio que habían recibido del Señor. Este, mis amados, es el proceso correcto.

Nota: Carmen Laura Santiago es Directora del Instituto Teológico Berea Internacional y Oficial Directora en AMIP y Sirvió durante más de veinte años como misionera en Uruguay.

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