Cristo es la respuesta

Para el momento en que Moises se paró frente a la congregación de Israel para su final discurso a ellos, habían pasado 40 años desde que Dios le habló desde la zarza ardiendo en Horeb (Éxodo 3:4-10). El había guiado fielmente a Israel desde Egipto a Canaan, siguiendo el curso que Dios había prescrito.

Éxodo 16.

El desierto no es el destino o la meta final en nuestro peregrinaje, es solo una parte del camino en nuestro transitar hacia la tierra prometida como elemento útil del entrenamiento divino, para hacer de nosotros hijos valerosos, obedientes, dependientes de Él, disciplinados en nuestro carácter, confiados en su sabiduría y preparados para toda buena obra.

En el desierto Dios nos evalúa antes de llevarnos a la tierra que fluye leche y miel, el lugar final de nuestro caminar y el sitio de la conquista del alma y del espíritu. Los que no entienden ni aceptan la voluntad de Dios, se rebelan y se estancan en el pasado, en los días de su esclavitud, en la negación de su realidad y en la resistencia al plan divino.

La negación es la protesta interior del alma y la resistencia del espíritu a aceptar el proceso del desierto, que termina causando rebeldía y oposición a los propósitos de Dios. Es la reacción carnal y emocional del corazón afligido pero no humillado ni quebrantado.

El desierto es también para otros la escuela misionera de entrenamiento para la vida, el lugar donde Dios se nos revela y donde lo conocemos cara a cara y donde descubrimos que Él conoce todas nuestras necesidades mejor que nosotros mismos. Que Él tiene todo el poder para suplir cualquier necesidad en todo tiempo, en nuestras vidas. (Fil 4:19) y que nunca nos abandona. (Salmos 34:7-8)

El llamamiento al ministerio es un llamamiento santo. El apóstol Pablo enseña que “si alguno anhela obispado, buena cosa desea.” Es bueno desear servir al Señor y todo debe comenzar con ese anhelo, esa vocación. Pero Pablo continúa diciendo: “pero es necesario que el obispo sea irreprensible…” y por ahí sigue detallando una serie de cualidades y atributos que debe poseer el que anhela servir a Dios. Y podríamos decir que lo primero que se necesita es ser apartado por Dios para el ministerio, puesto “esto no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” Por mas que yo quiera ser conocida como la Dra. Carmen Laura Santiago no lo lograré mientras no estudie y complete un doctorado y así sea reconocida por mis pares.

De la misma manera nadie puede ponerse un título de pastor, ministro, evangelista o maestro. si no ha sido llamado por Dios, si no tiene un testimonio irreprensible y si su iglesia no recibe testimonio de dicho llamado. En la iglesia de Antioquia estaban Bernabé y Saulo, y ellos tenían unos tratos con Dios, pero no se levantaron y exigieron un nombramiento. Ellos oraron, ayunaron, sirvieron en su iglesia local, dieron testimonio de una vida santa y transformada por Dios y de estar llenos del Espíritu Santo.

Y Ése mismo Espíritu Santo habló a la iglesia: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra que los he llamado.” Y la iglesia, Después de haber orado y ayunado, reconociendo el llamamiento de Dios y la unción del Espíritu Santo sobre sus vidas, les impusieron las manos y los enviaron a cumplir el ministerio que habían recibido del Señor. Este, mis amados, es el proceso correcto.

Nota: Carmen Laura Santiago es Directora del Instituto Teológico Berea Internacional y Oficial Directora en AMIP y Sirvió durante más de veinte años como misionera en Uruguay.

Josué 1:1-9

Es imposible no llorar, ni afligirse o sentir tristeza, cuando pasamos por estos valles sombríos de luto y soledad, los cuales sabemos que un día vendrán. Siempre inesperadamente, sin ser deseada, ni invitada, la muerte vendrá con su aguijón de dolor y tristeza, así está establecido por Dios, para todo ser humano.

Pero muy importante es oír la voz de Dios en los momentos de prueba y de dolor, cómo éstos, sobre todo porque los sentimientos y las emociones son más fuertes e intensas en tales circunstancias y porque nuestro corazón puede engañarnos y tomar la dirección de nuestras acciones, olvidándonos de hacer la voluntad de Dios.

El dolor y la tristeza puede postrarnos y sumirnos en el desaliento y es por eso que Dios le ordena a Josué: “levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo” Si dejamos de llorar y adoramos a Dios, y damos gracias por todo lo aprendido y recibido, por el ejemplo y la inspiración con que los siervos de Dios nos animan en la vida, nos levantaremos para proseguir el camino y avanzar hacia adelante, “a la tierra que yo les doy”. Dios nos desafía a “levantarnos de la tristeza” a seguir caminando y avanzando hacia adelante, porque aunque su siervo ya está en su presencia, nosotros no hemos llegado aún a la meta. (1 Tes 5:18)

“Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.” Esta es la grandiosa promesa que tenemos como hijos y siervos de Dios, como obra de AMIP.

«Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.» (Mat 26:39-42)

La voluntad de Dios debe prevalecer aún en las horas más difíciles de nuestras vidas, aún en los momentos de dolor, no podemos sucumbir ante el sufrimiento y tenemos que mantener la sensibilidad para oír la voz de Dios sobre todo. Nunca nuestros sentimientos deben dirigir nuestras acciones, sino la voluntad de Dios, sobre todo y sobre todos nosotros. “Que no sea como nosotros queremos, sino como Dios quiere”.

La obra de Dios va más allá de nosotros mismos y de nuestro entendimiento porque ella pertenece absolutamente a Dios, y porque es el Dios eterno quien la sustenta y la cuida. Por que es Dios quien elige, llama y envía, pone y quita. Siempre edificando y construyendo su obra eterna para su gloria y honra. “Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre.” (Salmos 111:3)

Jueves, 26 Septiembre 2019 12:26

COMO ESTUVE CON MOISÉS ESTARÉ CONTIGO

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Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. (Jos 1:5)

Obedecer a Dios implica ir y avanzar sin detenerse, pase lo que pase. Quienes servimos a Dios sabemos y tenemos claro que en nuestro llamado, padeceremos persecución y enfrentaremos la oposición del adversario. Así describe el apóstol Pablo ésta realidad: “Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores”. (2Co 7:5)

Ante estos desafíos Dios promete que “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida” que grande promesa. No significa que estaremos libres de enemigos, de traidores, de personas sedientas de poder, de murmuradores, de oportunistas disfrazados; quiere decir que ninguno de ellos, podrán alterar los planes divinos, que Dios se ha propuesto llevar a cabo con sus siervos.

Dios no era únicamente el Dios de Moisés, también era el Dios de Josué y de Israel su pueblo y asimismo es el Dios nuestro. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. (Heb 13:8) y es quien promete: “estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”.

En la Biblia leemos acerca de hombres de Dios que cometieron graves pecados. Unos se arrepintieron, otro fueron obligados a confesar y otros, aunque ocultaron sus pecados mientras pudieron, de todos modos fueron descubiertos, puestos en evidencia y castigos.


Hoy dia, la tendencia que prevalece en muchos concilios es mantener en secreto (“echarle tierrita”) los pecados cometidos por sus obreros; esto con excusa de no escandalizar la obra. Dios nunca actúa de esa manera. Cuando David, un hombre conforme al “corazón de Dios”, peco, Dios lo registro en la Biblia. Nunca se ha dicho que en la iglesia no habría personas que cometieran pecado. La grandeza de la iglesia de Cristo radica no en que estará completamente libre del pecado el Espiritu Santo lo redarguyó de tal manera que comenzó a sentirse miserable. Lloraba todas las noches se sentía seco y vacío hasta que decidió confesarle a Dios su pecado (Salmo 32). Mas aunque confeso de todo corazón y tuvo un arrepentimiento verdadero y profundo (Salmo 51), y Dios lo perdono fue duramente castigado por Él (2 Samuel).


Es asi, porque el santo que peca tiene que sufrir las consecuencias de su pecado. Veamos otros casos algo diferente: el de Acán. Este hombre le había robado a Dios. Dios le haiua dicho al pueblo que no tomaran nada del botín de Jericó pero la codicia de Acán lo llevo a desobedecer a Dios tomando para si oro y vestidos y ocultándolos en su tienda. Hizo esto frente a su familia convirtiéndolos así en cómplices de su codicia. Y aunque Acán se aseguró que nadie le veía, se olvidó de Dios. Lo triste de este caso es que el pecado oculto de Acán perjudicó a muchas personas. Primero, a su familia al convencerlos de que una vez en la tierra prometida, vivirían holgadamente con el producto de su robo. No fue así pues ni siquiera vieron la tierra prometida, todos murieron, fue el juicio de Dios por causa del pecado. En segundo lugar, perjudicó a todo Israel pues Dios se alejó del pueblo, no estaba con ellos por causa del pecado oculto. Aún Josue fue afectado ya que aceptó el consejo de sus lugartenientes de ir contra la ciudad de Hai, en vez de consultar a Dios. Como resultado, el pueblo fue derrotado y murieron treinta y seis hombres. Como Josué fue a quejarse ante Dios por haberlos abandonado, Dios le declaró: “Israel ha pecado”. Descubierto el pecador, Josué le dijo: “Hijo, da gloria a Dios y confiesa tu pecado”.


El pecado oculto es una maldición tanto para el hombre que le comete como para su congregación. Y si el que peca es un obrero se convierte en una maldición para su concilio. Hoy hay muchos que ocultan el pecado. Pretenden así proteger a la misión pero cuando hay pecado oculto la única forma de proteger a la misión es confesando y abandonado el pecado porque el pecado “una vez engendrado (cometido y ocultado), da a luz la muerte”.


Está comprobado que cuando los líderes del pueblo ocultan el pecado con el pretexto de proteger a la misión, lo que tratan es de protegerse a sí mismos. En el caso de David y su general Joab ocurrió así. Mis lectores recordarán que Joab fue cómplice de David en el asesinato de Urías, con el fin de encubrir el adulterio de David. Luego, vemos a Joab cometiendo asesinato y abusos ante la pasividad del Rey David. Se estaban protegiendo el uno al otro. Creo que esto explica muchas cosas.

Ninguna empresa en el mundo confronta tantos obstáculos como la Obra de Dios; pero también es cierto que ninguna otra empresa en el mundo obtiene más triunfos y victorias con resultados eternos que la Obra de Dios.

Cuando Moisés contempló la gran visión de la zarza ardiente, su vida fue transformada de manera poderosa cuando nosotros nacimos llegamos al mundo desnudos y frágiles. Que yo recuerde, no nací siendo un campeón o un líder y sé que tú, Tampoco. Necesite tanto de mis padres, que ahora descubro que fui siempre un malagradecido; ellos me estaban informando y yo creía que ya estaba formado. Que duro fue para mi entender. Que tonto fui al creerme sabio. Ellos me estaban informando y yo creía que ya estaba formado. Que duro fue para mi entender. Que tonto fui al creerme sabio.

El Apóstol Pedro predijo esto con la mira puesta en nuestro días. (1 Pedro 4:7). El fin significa que se termina la era de la gracia y la iglesia se completa. Ha acontecido en Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles (Romanos 11:25).

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