Cristo es la respuesta

COLGARON SUS ARPAS

UNA HERRAMIENTA BÍBLICA PARA EL OBRERO EN TIEMPOS DE CRISIS


Salmo 137:1-2 Junto a los ríos de Babilonia, Allí nos sentábamos, y aun llorábamos, Acordándonos de Sion. 2 Sobre los sauces en medio de ella Colgamos nuestras arpas.

La experiencia del exilio caló hondo en el pueblo de Dios. Setenta años de cautividad representaron un duro golpe a la moral y la dignidad, que se pueden explicar por etapas ligadas una a la otra. La pérdida de su independencia nacional fue un enorme trauma para los hebreos. “En aquel tiempo los servidores de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén; y la ciudad fue sitiada.... Y llevó en cautiverio a toda Jerusalén: a todos los magistrados, a todos los guerreros valientes (un total de diez mil cautivos), y a todos los herreros y artesanos. No quedó nadie, excepto la gente más pobre del pueblo de la tierra.... El rey de Babilonia proclamó rey en lugar de Joaquín a su tío Matanías, y cambió su nombre por el de Sedequías” 2 Reyes 24:10-17.

Este versículo nos ayudará a contextualizar la magnitud de la deportación o el destierro a Babilonia y sus efectos en el plano emocional y religioso. Además de significar un fuerte golpe a la identidad del pueblo de Dios, se necesitó tiempo para procesar las razones, los motivos y la finalidad de este acontecimiento. Traemos este ejemplo histórico, ya que nos deja apreciables enseñanzas para enfrentar obstáculos de forma que podamos salir probados y aprobados en la hora de la tormenta.

Hay etapas que se pueden enumerar en este proceso de destierro y deportación, que tenían como finalidad purificar al pueblo de Dios a pesar de que este no compendia la finalidad de este, veían todo esto como una experiencia contradictoria en todos los sentidos. Siempre, detrás de una experiencia crítica está la mano de Dios, aunque no la vemos, perfeccionando a su pueblo, La primera etapa la podemos definir como de “confusión” para un pueblo llamado a ser luz de las naciones.

La segunda etapa fue la “adaptación” a una nueva forma de vida, a una nueva cultura, en otro entorno. El entorno era pagano y por lo tanto hostil. La adaptación a lo desconocido es lo que más temor nos produce, todo es nuevo, todo es diferente y genera un rechazo que surge espontáneo. Lo más complejo es que de allí no podían salir, era algo así como una cárcel espiritual. Así son las pruebas, una especie de celda donde la llave de la liberación está en las manos de Dios y de esas prisiones solo Dios nos puede sacar.

La tercera etapa fue la “desconexión” con los lugares físicos de adoración. Para todo hebreo no es lo mismo Babilonia que Jerusalén, ni el Éufrates ni el Tigris que el Rio Jordán. Nada de la majestuosa Babilonia podía sustituir el arraigo a Jerusalén y su templo. Basta con detenerse en los Salmos para comprobar cuán importante era el templo como centro de adoración, refugio y consuelo. En ese templo Dios escuchó la oración de Ana, “la estéril” y la bendijo con muchos hijos. En ese templo Dios se manifestaba de una forma sobrenatural y vigorizaba a sus sacerdotes.

La cuarta etapa, la de la “nostalgia” tan bien expresada en el Salmo 137. El pueblo hebreo marcado a fuego por sus orígenes y destino divino, recordaban a la distancia con tristeza y dolor los gratificantes momentos que vivieron en la tierra de la promesa. ¿Qué nación podía contar grandezas de un Dios que abre el mar para que su pueblo pase en seco? ¿O que sus profetas asciendan al cielo en un carro de fuego? ¿Cómo olvidar a su padre Abraham, a Jacob, a Moisés, y todos los varones que Dios levantó con poder para hacer de ellos una nación poderosa? En el exilio ese era el pensamiento, ¿volveremos a nuestra tierra, nos restaurará el Señor como en el principio de nuestros días?

La quinta etapa podemos definirla como la etapa del desaliento, que viene con una pérdida de motivación y desánimo. En esta etapa quizás una de las más críticas (ya que el exilio se prolongaba), el pueblo fue perdiendo el entusiasmo de alabar a Dios y “colgaron sus arpas”. No fue pérdida de fe, más bien fue una etapa de gran desaliento y desesperanza ya que el futuro era incierto.

Y la sexta etapa es recuperar la esperanza. Dios no nos abandona, ni nos deja huérfanos. En el destierro, en la deportación se dieron muchos procesos, pero Dios se encargó de mantener viva la esperanza, esa que algunos dicen que es lo último que se pierde, y que nosotros jamás debemos perder. El Salmo 126 nos da una imagen clara y vívida de la experiencia de restauración, porque Dios es el que convierte nuestra tristeza en gozo “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, Y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos”.

Si algo aprendí con los años es que la naturaleza humana es la misma en cualquier época y nación. El ser humano tiene las mismas carencias, necesidades y limitaciones, a pesar de que el mundo se ha sofisticado, el corazón del hombre es el mismo. El hombre tiene un vacío interior que solo Dios puede satisfacer.

Hoy estamos viviendo una experiencia en cierto aspecto similar, nos sentimos en un exilio que nos puede afectar en lo espiritual y emocional. Se nos hace más difícil tomar nuestras arpas para adorar con el mismo entusiasmo y motivación que cuando lo hacíamos en la Jerusalén de nuestros templos, compartiendo con alegría los unos con los otros.

Quizás ya hemos atravesado algunas de las etapas que experimento el pueblo de Israel,

1) Confusión, y basta con ver en las redes sociales la maraña de interpretaciones dispares para definir con claridad el tiempo que estamos viviendo. He notado que a pesar de los años que llevamos en los caminos del Señor estamos observando con cierto asombro y sorpresa algo que la misma palabra nos advertía en diversos pasajes. Las pruebas traen su dosis de confusión y tenemos que acudir como “Asaf” al santuario de la oración para entender con claridad que propósito tiene todo esto, porque “el mundo, su plenitud y los que en el habitan son propiedad del Señor”.

2) Adaptación, como creyentes hemos tenido que hacer un esfuerzo especial para adaptarnos a este tsunami que no perdonó ni a ricos ni a pobres, ni a jóvenes ni a ancianos, ni a cristianos y paganos. El cambio fue abrupto y repentino. Los cambios cuando no son favorables son difíciles de digerir, a veces son un trago amargo como esa copa que “nuestro Señor tuvo que beber porque era la voluntad del Padre”. Cabría preguntarnos si estamos dispuestos a beberla, no es agradable, pero es la copa de la obediencia, la copa que nos enseña que debemos someternos a la soberanía de Dios, aunque ella no sea de nuestro gusto. Para beber esta copa y enfrentarnos a esta adversidad que no se asemeja a nada conocido, tendremos que entrar al huerto de la renuncia de nuestro confort y comodidad y decir como Pablo: “He aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación”. Para poder llegar a esta afirmación seguramente Pablo dobló mucho sus rodillas, pero aprendió la lección. Quizás hoy más que nunca, donde no tenemos nada en esta tierra a que aferrarnos como medio de escape, nos aferramos fuerte de la roca de nuestra salvación y esto último es lo que nos enseña a depender exclusivamente de Dios ya que ni el hombre ni la ciencia nos pueden ofrecer la seguridad y confianza que encontramos en el aposento alto. Esto nos dejará una lección “La calidad de un cristiano se mide en la adversidad”

3) Desconexión, así como en la tercera etapa el pueblo hebreo quedó desconectado de su centro de adoración en Jerusalén, hoy añoramos el día en que podamos retornar a nuestras reuniones, pero por encima de todo estamos descubriendo cuánto nos necesitamos los unos a los otros, y cuán importante es la casa del Señor. Alguien dijo que “las cosas se valoran cuando se pierden, hay algo de cierto en esta afirmación. Hay algo que estoy escuchando frecuentemente y también es mi propia experiencia, el valor de cada hermano sin importar su rango, cada uno aporta algo valioso que yo necesito, que me edifica. Ahora entendemos la importancia de la iglesia como “cuerpo de Cristo” donde cada integrante tiene su valor, su talento, sus dones, su espíritu de servicio.

4) Nostalgia, Estamos en nuestros hogares, pero de alguna forma desconectados físicamente y anhelamos ese encuentro filial, somos la familia de la fe. La nostalgia es de alguna forma el recuerdo acompañado de tristeza por aquellas cosas que una vez fueron nuestras, pero hoy no están al alcance de nuestras manos. Estamos en el exilio de nuestras casas, miramos a la distancia el templo, a nuestra familia de la fe con la cual nos reuníamos para honrar a Dios. Añoramos el abrazo que hoy no podemos dar ni recibir, el apretón de manos. Son la falta de esos afectos en gran medida, los que hacen de esta hora de prueba, la carencia de algo que tanto anhelamos. Si algo rescatamos de bueno en esta adversidad es el valor que tiene ese tiempo donde nos reuníamos para compartir nuestras alegrías y tristezas, nuestras victorias y porque no nuestras derrotas, donde la congregación nos rodeaba con sus brazos de apoyo y consuelo para continuar adelante.

5) Desaliento, por último, nos vamos a detener en esta quinta etapa que vivió y experimentó el pueblo de Israel en el exilio, el desaliento y el desánimo que los llevó a “colgar sus arpas”. En determinado momento se les hacía difícil poder cantar cánticos de Sion en tierra extraña, y en un tiempo de profunda tristeza “Colgaron sus arpas”. Hay periodos en nuestra vida tan extraños e incomprensibles que nos sentimos tentados a “colgar nuestros guantes”. Nos rendimos ante la situación, sentimos que nos supera y perdemos el espíritu de combate. Hermano, no te turbes, esto no es nuevo. Ya lo han vivido siervos de Dios y está plasmado en la Palabra. Las circunstancias golpearon tan duro sus emociones que decidieron dejar su actividad y aun su ministerio, como ocurrió con Moisés, y el más explícito el de Elías, entre otros. Elías se exilió en la cueva de la congoja. Pero de allí lo sacó el Señor y le dio pan y agua y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios. Las circunstancias cambian, hay días oscuros, noches sin estrellas. Pero hay cosas que jamás cambian.

Primero, Dios no cambia ni está sujeto ni preso por ninguna circunstancia que ocurra en esta tierra; segundo, la Palabra de Dios no cambia, y tercero, Jesús es el mismo hoy, ayer y por los siglos. Y eso es lo que estamos experimentando en nuestro exilio, que la luz sigue brillando, que Dios sigue presente, que la Palabra sigue siendo nuestro alimento y que lo bueno está por llegar. Jesús dijo “en el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo”. Nuestra fe está siendo probada en esta hora difícil. Está siendo probada para que sea purificada como el oro. 1 Pedro 1:7 “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”, ¿Estamos en el horno?, definitivamente sí, y es necesario que lo estemos, hay escoria que no vemos, pero que Dios tiene que erradicar de nuestra vida, con la finalidad de que nos transformemos en vasijas de honra.

6) Esperanza. No podemos negar que a veces no vemos la luz al final del túnel. Hay circunstancias que no solo nos roban nuestras energías, tampoco nos permiten mirar el futuro con entusiasmo. Me viene a la mente aquellos discípulos descorazonados que caminaban rumbo a la aldea de Emaús. Para ellos la muerte de Cristo representaba el fracaso, decepción, desilusión. Si no comprendemos los planes de Dios y sus propósitos eternos corremos el riesgo de perder la esperanza. La esperanza se recuperó cuando Jesús se les acercó camino a la aldea y les abrió las Escrituras y el entendimiento para que entiendan las Escrituras. Hoy las Escrituras siguen siendo nuestra fuente de inspiración y la herramienta de comprensión que usa el Espíritu Santo para mantenernos firmes en la esperanza del evangelio. Una pregunta que debemos hacernos en estos tiempos. ¿Cuánto conocemos de la Palabra? ¿La leemos metódicamente o la desempolvamos para llevarla solo a las reuniones? Hermano, no olvides que la Palabra tiene las respuestas a tus interrogantes, ella ilumina nuestra mente y es la espada del Espíritu Santo, útil para todo aquello que contribuye a nuestro crecimiento y salud espiritual y emocional. La Palabra también contiene promesas que reavivan la esperanza, nos afirma en la fe y ordena nuestros pensamientos. Apropiémonos de estas herramientas que Dios ha puesto a nuestro alcance y vamos a cruzar este valle de sombra de muerte sin temor alguno porque la vara y el cayado del Señor nos infundirán aliento.

Hermano, consiervo, “No cuelgues tu arpa”, cobra aliento y comienza a alabar al Dios grande y poderoso y recibirás fortaleza de lo alto.

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"Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ¡ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz," Lucas 17:12-15

La definición más sencilla de Crisis es esta: "Situación difícil de una persona o una cosa".

En la BIBLIA no encontramos este término, pero sí vemos momentos difíciles vividos por diferentes personajes en el texto bíblico. Lo más lógico ante las crisis es el ahogarse entre sentimientos negativos. Nuestra mente divaga en un brumoso mar de dudas, temores e interrogantes.

Pero, debe haber una diferencia abismal entre los que tenemos "los ojos puestos en Jesús", y aquellos que no le conocen. Para quienes han "edificado sobre la Roca" dice el Señor que: "cualquiera que, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente..." Quiere decir que las crisis pueden fortalecer nuestros músculos espirituales, contribuyen a nuestro crecimiento y nos llevan a tomar decisiones impensables.

Las crisis son oportunidades que nos brinda la vida para sacar las capacidades y recursos que hemos acumulado leyendo, estudiando, meditando y guardando la palabra de Dios.

"Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento... " Oseas 4:6

Definitivamente, las crisis nos ayudan a sabernos ubicar frente a las propias y ajenas, y darnos cuenta de cuál es nuestra relación con Dios. En los momentos de crisis afloran las debilidades y fortalezas en el ser humano.

Hoy tenemos un sinnúmero de recetas, opiniones, nuevas revelaciones (creemos que Dios habla en todo tiempo), pero es importante saber que: "tenemos la palabra profética más segura..."

En estos días ha habido tantas cosas hasta llegar a la superstición, pues, alguien recibió una "visión" para que se buscara un pelo que todo el que lo buscare lo encontrará, y que haciendo un té se recibía sanidad.

Otros no creen en la realidad de la pandemia, ni tampoco le temen, pues están protegidos, es cierto: “Dios es nuestro Amparo y fortaleza...", pero: “sea que vivamos o que muramos, somos del Señor..."

Las instrucciones que encontramos en el Antiguo Testamento dadas por el Señor, solamente pensamos que cumplían como normas de limpieza espiritual, pero encontramos en la escritura que Dios también se preocupó por el pueblo por su salud física, por eso encontramos una ordenanza de salud pública que hoy, todavía en muchos pueblos están tomando en cuenta. DEUT.23:13, nos dice: "Tendrás también entre tus armas una estaca; y cuando estuvieres allí fuera, cavarás con ella, y luego al volverte cubrirás tu excremento."

La porción bíblica, con la cual iniciamos esta breve reseña, nos muestra una situación que se remonta a Levítico capítulo 13, pues correspondía a los sacerdotes certificar, luego de cumplir con ciertas medidas protocolares.

Las personas que tuvieran afecciones cutáneas debían presentarse al sacerdote, quien tenía la autoridad de determinar si la afección era o no lepra. Primero tenía que examinar al paciente y si daba notación de posible enfermedad, encerraba a la persona por 7 días (CUARENTENA), Al término del período de encerramiento volvía a realizar el examen de rigor, si todavía no se podía determinar que había o no enfermedad, volvía a encerrarlo por otro período, al término del mismo volvía a examinar, y si la llaga se había extendido, lo declaraba inmundo, por lo que era expulsado de la comunidad a los fines de que no contaminara a otro.

Es por esta razón que el Señor, al oír el clamor a gran voz de los diez leprosos, que mantuvieron la "distancia social" como demandaba la ley, cien pies de separación, la cual Cristo no violentó, sino que ordenó a los diez presentarse al sacerdote quien era la persona que tenía la autoridad de declarar sano a un leproso.

Es decir, que nosotros no estamos exentos de cumplir nuestra responsabilidad de observar las disposiciones de los organismos competentes. Decía: Terencio Africano: " soy hombre, nada humano me es ajeno..." Nos toca a nosotros los cristianos seguir entendiendo que en momentos de crisis: "Alzaré mis ojos a los montes de dónde vendrá mi socorro?" Nuestra confianza está puesta en el Señor y seguiremos firmes en los principios de la Palabra de Dios.

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"El estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel; la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos" (Sal. 78:5).

El primer deber del hombre no es precisamente adquirir alimentos, vestido y demás cosas, ni tampoco predicar o hacer obra misionera, sino buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia, a fin de rendirle la adoración que Él merece; después lo demás viene «por añadidura».

Ésta experiencia de luto, dolor y cuarentena universal nos ha obligado a replantearnos varios aspectos que formaban parte de nuestra “cultura cristiana” especialmente la que tiene que ver con los templos o lugares de culto. Crecimos equivocadamente denominando “iglesia” a los edificios y construcciones y de repente con el tiempo muchos olvidaron que “nosotros somos la iglesia

Éste desenfoque condujo a muchos líderes a darle más valor a los edificios que a las personas y a cuidar más los aspectos materiales de la Iglesia que a las personas. He sido testigo y conozco historias de algunos mal llamados “pastores” que expulsaron un día sus rebaños para apoderarse de las propiedades y lugares del culto, sin tener ningún remordimiento. Hoy para bien de muchos de nosotros en el final de los tiempos, Dios permitió no la destrucción de nuestros templos o lugares de culto, sino la destrucción de muchos de nuestros añejos conceptos de cultura cristiana y está emergiendo la verdad indiscutible de que “la iglesia somos nosotros” y que para adorar a Dios no se requiere estar en Jerusalén o en Samaria, o en algún lugar determinado, sino que los verdaderos adoradores, adoraremos a Dios en Espíritu y en verdad.

Nuestros Deberes Como Padres

Pero en ésta nueva dinámica universal Dios también nos ha recordado los deberes que tenemos como padres respecto a la adoración al Señor en la familia, que muchos padres descuidaron irresponsablemente delante de Dios. Se ignoraron negligentemente mandamientos muy claros que nos ordena Dios, como son:

Instruye al al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.” (Pr. 22:6).

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.” (Dt 6:6-9)

Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre,
Y no dejes la enseñanza de tu madre;
Átalos siempre en tu corazón,
Enlázalos a tu cuello.
Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán;
Hablarán contigo cuando despiertes.
Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz,
Y camino de vida las reprensiones que te instruyen.”

(Prov 6:20-23

Jesús y La Adoración

Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Jn 2:20-24)

Adorar es postrarse ante Dios y es una expresión de amor y respeto ante Él. Es dar obediencia completa al Señor. Es orar, reverenciar, y es la aceptación de Dios como “objeto de adoración”. Es el acto de estar ante Su Majestad, El Rey del universo. Un adorador es un piadoso y devoto, y es la adoración a Dios que nos conduce a la piedad y devoción y es la falta de adoración o nuestra negación de adorar a Dios, que hace al hombre impío, y lo conduce a la impiedad, hasta hacerlo vivir impíamente.

La adoración sigue siendo una especie de misterio. Puede ser planificada pero no programada; puede tener lugar entre cientos que se congregan o donde hay solamente dos o tres congregados. Es por causa de Dios y por su maravillosa obra que tenemos el deseo de adorarle. Por esta razón nosotros los Pastores no debemos sentirnos mal o inseguros porque “la iglesia en la casa” está funcionando mientras nuestros templos están cerrados.

La Atmósfera Espiritual.

Israel estuvo cuatrocientos treinta años en una atmósfera de cautiverio y opresión, humillación e injusticia, allí su vida era dolor, esclavitud y muerte, no tenían ninguna esperanza. Ellos desconocían otro tipo de vida, hasta que Dios se le reveló a Moisés. (Éxodo 3:18) La única forma que aquello iba a cambiar era que ellos fueran libertados de esa condición y salieran de esa atmósfera de terror y muerte y decidieran servir a Dios.

Alabar es celebrar, glorificar, cantar y la expresión más usada es «Aleluya» una expresión hebrea de «alabanza» a Dios que se ha incorporado a casi todos los idiomas del mundo. Alabanza es agradecer: es la expresión de gratitud y reconocimiento por todo lo recibido. Es ofrecer sacrificio u ofrenda a Dios.

La oración, la alabanza y la adoración pertenecen a la atmósfera espiritual, donde Dios habita. Vamos a decir que nosotros necesitamos la atmósfera terrestre, para poder vivir en esta tierra. Esa atmósfera terrestre, se compone esencialmente, de oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono. El oxigeno lo necesitamos para respirar, el nitrógeno es una capa protectora que impide que caigan a la tierra, meteoritos, estrellas y también desechos planetarios. El dióxido de carbono lo necesitan las plantas para vivir. Sin el reino vegetal no existe el reino animal, y ninguno de estos reinos existirían sin el reino acuífero o acuático. La atmósfera de los peces, es acuática, ahora la atmósfera del alma es espiritual: oración, alabanza y adoración.

El ser humano fue creado para vivir y respirar en una atmósfera espiritual de oración, adoración y alabanza a su Creador. La vía a través de la cual se recibe el poder divino debe ser preservada con el fluir de gozosas alabanzas que se elevan hacia su hacedor. La ruptura del vínculo bendición-obediencia provocada por el pecado silenció la alabanza del ser humano hacia Dios e introdujo el egoísmo, los sentimientos de autocompasión y queja (véase Gn 3.9-12). Pero ahora ha llegado la salvación y la vida en Cristo, y ahora al haber recibido a Jesucristo como Salvador, la vida cotidiana nos llama a orar y oír la palabra de Dios para comunión y sabiduría. Pero nuestro diario camino a Dios en esa comunión debe estar recubierto de alabanza: «Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanzas» (Sal 100.4). Tal senda plena de alabanza alimentará nuestra devoción, fiel a la obediencia y al gozo constante en el servicio al Señor, que no se limita a la liturgia dentro de los lugares de culto, sino que se experimenta en la vivencia diaria y en un andar en santidad, devoción y adoración al Señor.

Pastor J Omar Tejeiro R.
Para Herramientas de Enfoque Bíblico.

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Soluciones y Estrategias Divinas en Tiempos de Aflicción

Dios Tiene Un Plan Hoy

Podemos estar totalmente seguros que Dios tiene un plan hoy y que todo lo que sucede en el mundo es parte de un gran propósito, como dice Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Cuando enfrentamos el dolor, todos de alguna forma, corremos el riesgo de ser superados y quebrantados por el sufrimiento. Leemos en Job 2:11-13 “Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, Bildad suhita, y Zofar naamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir juntos para condolerse de él y para consolarle. Los cuales, alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a gritos; y cada uno de ellos rasgó su manto, y los tres esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande.

La tragedia que arruinó la felicidad de Job le hizo enmudecer. Durante siete días y siete noches permaneció callado, sentado en tierra en medio de cenizas. Los amigos que habían ido a consolarle, viéndole de lejos, no le conocieron, y espantados ante tamaño dolor, no fueron capaces de hablar palabra alguna. Terminado este tiempo Job habló. Rotas las compuertas de su alma prorrumpió en un discurso de amargura singular. Comenzó así:

«Perezca el día en que yo nací, Y la noche en que se dijo: Varón es concebido. Sea aquel día sombrío, Y no cuide de él Dios desde arriba, Ni claridad sobre él resplandezca. (…) ¡Oh, que fuera aquella noche solitaria, Que no viniera canción alguna en ella!» Maldíganla los que maldicen el día, Los que se aprestan para despertar a Leviatán. Oscurézcanse las estrellas de su alba; Espere la luz, y no venga, Ni vea los párpados de la mañana; Por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo estaba, Ni escondió de mis ojos la miseria. ¿Por qué no morí yo en la matriz, O expiré al salir del vientre? (Job 3:3–4, 7-11)

Las Estrategias de Dios En Tiempos de Aflicción

Santiago 5:13-20

Nadie sabe cuando vendrán los días de aflicción en la vida, aunque todos sabemos que ellos vendrán. Dios nos muestra por medio de Santiago al menos seis estrategias divinas en tiempo de aflicción.

1. La primera estrategia es Orar Con Fe.
2. La Segunda estrategia es Alabar a Dios.
3. La Tercera estrategia es Dependencia del Espíritu Santo.
4. La Cuarta Estrategia es la Confesión Sincera.
5. La Quinta Estrategia es Interceder Por Los Demás. 
6. La Sexta Estrategia Es Restaurar y Salvar al Pecador.

Podemos ver que en las crisis de la humanidad Dios ha contado con su pueblo y muy especialmente con individuos y personas de fe, las cuales pueden discernir y entender los tratos de Dios con su creación. Todo esfuerzo de Dios está encaminado a salvar las almas y todos sus intentos buscan reconciliar a sus hijos rebeldes, para llevarlos de regreso a casa.

Tú, pues, hijo de hombre, dí a la casa de Israel: Vosotros habéis hablado así, diciendo: Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos; ¿cómo, pues, viviremos? Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?" (Ezequiel 33:10-11)

Estrategia #1 - Nuestra Necesidad de Orar y Actuar Con Fe

Santiago nos anima en la hora de la aflicción a orar, como única alternativa. ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. (St 5:13) y Es que sucede comúnmente que en la aflicción experimentamos una total pérdida del control y nos convertimos angustiosamente y sin quererlo en naves azotadas del viento. La oración nos ayuda a entregar el control de nuestras vidas a Dios, y nos otorga confianza frente a la prueba y al dolor.

Cuando oramos aceptamos nuestras pérdidas y fracasos humanos y reconocemos nuestras insuficiencias y deficiencias. Ese acto de humildad y Fe hacia Dios atrae a Dios hacia nosotros y nos eleva de las circunstancias y angustias de la vida, a todas las posibilidades de Dios que son eternas.

Estrategia #2 - Cante Alabanzas.

Puede parecer contradictorio que los momentos de prueba y aflicción para el mundo, son oportunidades de liberación y de justicia para el pueblo de Dios. Podemos verlo así en el juicio del diluvio universal en los días de Noé a quien Dios preparó y usó junto a su familia, para preservación de la raza humana. La humanidad entera pereció bajo las aguas, mientras Dios se glorificó en sus elegidos.

Dios jamás a ha actuado ni actuará con injusticia y nunca ha tenido al culpable por inocente, ni ha abandonado jamás a sus escogidos, de eso podemos estar totalmente seguros. (Números 14:18; Ezequiel 18:20)

Estrategia #3 Unjan Con Aceite

Para enfrentar la enfermedad o las plagas o la aflicción y al adversario, debemos estar protegidos “bajo la sangre del cordero” o “bajo la unción del Espíritu de Dios” La Iglesia del Señor ha perdido el aceite, es decir ha dejado de moverse bajo “la unción del Espíritu Santo” y cuál es la razón de ésta tragedia en la Iglesia Cristiana?

Cuando el Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, dicen las Escrituras que “le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová” (16:14). La casa espiritual de Saúl quedó desocupada al mudarse el Espíritu Santo. Él se quedó sin unción. La unción De la Iglesia y de todo ministerio es la presencia del Espíritu Santo.

Cuando se pierde la unción, también se pierde la autoridad espiritual. Aun los que servían a Saúl se dieron cuenta del ataque demoníaco sobre su vida. Por eso decían: “He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta” (16:15). Cuando se opera fuera de la unción, los que están cerca de nosotros se dan cuenta. La desobediencia a la Palabra de Dios y la falta de sometimiento a su voluntad, hace al creyente indefenso a los ataques del maligno. Saúl sin el Espíritu Santo era víctima de un espíritu malo.

Sus criados entonces le recomiendan:

Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio" (16:16).

Estrategia #4 - Confiesen Las Ofensas Unos a Otros

No podemos ser restaurados y sanados por sino humillamos nuestro corazón y actuamos con humildad entre nosotros. El orgullo, la ira, el resentimiento y el odio han enfermado a la iglesia y ha producido muerte espiritual y física a tal extremo que es difícil hallar cristianos hoy que pidan perdón a los demás después de ofenderles, prefieren mudarse de congregación o ciudad antes que pedir perdón. Hoy los hijos deshonran vergonzantemente a sus padres y se rebelan contra ellos y nunca les piden perdón porque piensan que eso no es un pecado grave.

Esa es la razón por la cual tenemos una generación extraviada y rebelde en el mundo alejada de Dios y de todo lo bueno, habiendo sido conocedores de la Biblia. Muchos que fueron creyentes consagrados, hoy viven en fornicación, adulterio, homosexualidad. Otros se han hecho ladrones, asesinos, pandilleros, estafadores, etc. y no abandonan su pecado porque no quieren pedir perdón a Dios y a las personas que han ofendido.

La restauración y sanidad comienza para todos, sin excepción cuando estamos dispuestos a confesar nuestras ofensas, a pedir perdón y a perdonar humildemente y sin corazón vengativo y rencoroso.

Estrategia #5 - Oren Unos Por Otros

Todo aquél que ora por los demás es un intercesor y todo intercesor es un siervo verdadero de Dios. No se puede orar por los demás sino los amamos y no podemos amar a otros si tenemos prejuicios o resentimiento hacia ellos. Creo que Dios nos está llamando hoy verdaderamente a ser sus siervos fieles. Dios usó la aflicción en la vida de Job para trasformarlo totalmente. Después de quedar en la absoluta pobreza, el conoció la soledad y el abandono de su familia y de sus amigos. Fue injustamente acusado por las personas que amaba, padeció los terrores del insomnio y fue objeto de un ataque cruel del adversario. En el epílogo de la prueba Job decide rendirse a la voluntad perfecta de Dios y el Señor ordena entonces a su siervo, orar por sus amigos que actuaron mal con él. El texto sagrado dice así:

Mi siervo Job orará por vosotros; porque de cierto a él atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job. Fueron, pues, Elifaz temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita, e hicieron como Jehová les dijo; y Jehová aceptó la oración de Job.” (Job 42:8-9)

Es posterior a la Oración de Job por sus amigos que leemos lo siguiente:

Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro. Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero.” (Job 42:10-12)

Estrategia #6 - Hagan Volver al Pecador y Salven de Muerte.

Muchos pecadores endurecidos a causa de su maldad, son ablandados por el dolor y el sufrimiento, sus corazones son quebrantados y su resistencia desaparece. El momento de la prueba es en realidad la oportunidad de Dios y de la Iglesia para hacer volver al pecador de su error.

Estos días de sufrimiento son tal vez los últimos días de oportunidad para que el mundo escuche el evangelio, y es también nuestra gran oportunidad de proclamar y trabajar por la salvación de sus almas. Esta es la hora de “los Elías de Dios” porque los cielos están cerrados a causa del pecado, pero se abrirán para muchos por “causa de nuestra predicación” la iglesia tiene la llave, la autoridad y el poder que ha recibido de parte del Señor para trabajar por la salvación de éste mundo. Mientras estemos aquí en la tierra, estamos bajo la potestad de Jesús y de su Espíritu Santo y Dios cuenta con nosotros sus siervos.

Santa Cruz Bolivia - Abril 26 de 2020

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Un momento de oración y de fortaleza. Acompáñanos todas las noches a las 9 PM y Levantemos vallado en favor de la tierra. #clamorxlasnaciones #guerrerosdeDios.

 

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Decir y oír: me hablaron de Dios y eso me cambió la vida, es un testimonio que nos transmite gozo. Escuchar decir: Dios me habló. Eso nos impacta y nos asombra. Pero que alguien nos diga: “y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno.” (Ex 24:10) Eso nos mueve de nuestra comodidad y nos desafía a buscar su rostro y a subir al monte para buscar su presencia, para perseverar sin desmayar en la búsqueda de su poder y su gloria. Yo quiero más y más y más de su presencia. #SedientosdeSugloria

 

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Para adorar a Dios, es necesario hacerlo en espíritu y en verdad. No se trata de un lugar o edificio especial, sino de un corazón contrito y humillado que ame y busque a Dios. Nuestro misionero y pastor Camerunés Edmond Moulla, nos envía éste testimonio visual de su visita misionera a la Obra de Amip en el país del Chad, África.

 

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Visión es la que necesita un ciego para poder contemplar todo lo hermoso que ignora y todo el dolor que no puede, ni quiere ver. Visión es la que necesitan tus ojos del alma para vencer la oscuridad del espíritu, para que viendo veas y palpes. Para que seas capaz de sufrir con los que sufren, de llorar con los que lloran y de llevar un poco de risa al mundo triste.

Necesitas visión para que traces el Norte de tu vida, para que no seas un caminante sin brújula, un peregrino sin destino, un río sin mar, un ladrillo suelto de ningún edificio.

Sin visión serás un superficial cada día, carente de profundidad verdadera, vivirás distrayéndote en lo efímero, ocupándote en lo que será quitado de tu vida un día, igual que a Martha.

Serás sin visión un sembrador sin cosecha, una higuera llena de hojas solamente y sin ningún fruto. Serás la vid de sarmientos y uvas silvestres, un mar muerto donde nadie beberá jamás. Una nube sin agua para ninguna tierra hambrienta y con sed.

Sin visión no sabrás jamás por qué ríen y lloran los niños, por qué una madre soporta el dolor y es feliz al traer un niño a este mundo. No sabrás tampoco como se teje un abrigo para cubrir al desnudo, ni como se enciende el horno para hacer el pan que alimentará al hambriento.

Busca visión para tu vida. Búscala para que encuentres el camino que guiará tus pasos, pero no la busques entre los ciegos, ni la busques tampoco en aquellos que parece que ven, pero sólo perciben sombras a su alrededor.

Busca la visión de Dios, la que al tocar tus ojos quitará las escamas que los cubren y te ayudará a decir: ¡ Señor! ¿ Qué quieres que yo haga?

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Las Sociedades de Jóvenes y matrimonios Jóvenes del Centro Evangelístico Pentecostés les invita a la Campaña de la Juventud “VIVIENDO CONFORME AL CORAZÓN DE DIOS” del 12 al 15 de noviembre del 2019 en la Iglesia Centro Evangelístico Pentecostés, Caparra Terrace.

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